Vivir con otros familiares

Todos tenemos un tío segundo del que apenas nos acordamos o una tía-abuela a la que no vemos desde hace mucho. Pero curiosamente vienen a nuestra memoria cuando nos damos cuenta de que viven a un par de calles de nuestra facultad

En este post no solo voy a ofrecer la mirada del estudiante, sino que además añadiré las confesiones que me hizo hace tiempo una señora en la parada del autobús. Esto fue mucho antes de decidir hacer este blog, pero su recuerdo ha sido la motivación de esta entrada.

Mi sobrino está viviendo en mi casa, porque está estudiando aquí y, hombre, yo le voy a ayudar en todo lo que pueda. Es muy bueno, saca muy buenas notas, no da problemas… Ahora un profesor se lo quiere llevar a Alemania a un campeonato de no sé qué, de le suyo, es que él estudia matemáticas. Yo estoy muy contenta, a mí lo que me preocupa es que no sale nunca, a mí a su edad me gustaba salir. Su madre dice que no me preocupe, que es normal en él, pero a mí me disgusta que no tenga amigos. Él se lo pasa bien estudiando, así nunca se va a echar novia. Le sobra inteligencia –yo creo que es superdotado– pero le falta sociabilidad.

Este es un ejemplo excepcional de convivencia con otros familiares. Es verdad que no se dan muchos casos así, por lo que no intento con esto mostrar una realidad generalizada, pero sí que nos sirve para darnos cuenta de la preocupación que le genera a una persona (generalmente mayor) tener a su cargo, de repente, a un familiar del que no conoce sus hábitos y costumbres, y viceversa. Esto no pasaría en un piso solo de estudiantes o en una residencia. En este caso, aún siendo el inquilino un estudiante estupendo y no dar ningún tipo de problema en relación con las salidas excesivas, su tía también está muy preocupada. Luego añadió:

Vamos, yo supongo que con el tiempo me acostumbraré a tenerlo allí encerrado siempre, porque si él es feliz así, pues terminaré entendiéndolo, pero es que yo nunca había visto a un muchacho así.

Y puede que ahí esté la clave: la adaptación, por ambas partes. Quizás si hubiese tenido la oportunidad de hablar con el sobrino, me habría dicho que su tía le insiste demasiado y no respeta sus decisiones. Por ello, es importante que el estudiante tenga en cuenta que su familiar le está haciendo un favor y que lo único que hace es preocuparse por él.

Vayámonos ahora a un caso también peculiar. David Michael Thompson es un estadounidense que se vino a España con sus padres hace siete años y, cuando acabó bachillerato, decidió que quería seguir los pasos de su padre (también el de su hermano y sus cuñados) y formar parte del Ejército Americano. Para ello, ha tenido que volver a EE.UU. y ahora vive con su hermana.

Si hubiese ido a una residencia de estudiantes, o hubiese compartido piso, seguro que no habría tenido que cambiar ni un solo pañal ni trabajar en el bosque con su cuñado, por lo que vivir con un familiar también exige una serie de obligaciones, pero también una serie de recompensas.

Bebé dormidoEn cualquier caso, como decíamos en el post anterior, este tipo de convivencia también tiene sus pros y sus contras, por lo que lo mejor es adaptarse a las circunstancias, colaborar, e intentar ser la menor carga posible.

 
 
 
 
 
 
 
Fuentes: El texto y el vídeo son propios. La fotografía ha sido cedida por David Michael Thompson, quien ha dado su aceptación ante la publicación de la misma
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